¿PORQUÉ NOS ENFERMAMOS EN INVIERNO?


Fuente: +Salud Facultad de Medicina

Nuestro organismo tiene otros mecanismos de defensa además del sistema inmune, entre ellos los factores mecánicos como el tabique nasal y la mucosa respiratoria, los cuales deben estar íntegros para que permitan filtrar, calentar y humidificar el aire reteniendo las partículas extrañas en las vibrisas de la nariz (conocidas como vello nasal).
Durante el invierno, la temperatura disminuye y la nariz no alcanza a calentar suficientemente el aire que entra al sistema respiratorio. Si aunado a esto nos vemos expuestos a partículas contaminantes (humo de cigarro, leña, carbón, calentadores), la vía aérea se irrita, generando inflamación y mayor producción de moco, contribuyendo a que algunas bacterias que son parte de la flora normal de la vía aérea cambien y entonces permitan el desarrollo de enfermedaes.
Estos agentes infecciosos se propagan por gotas de flugge al toser o estornudar, por el contacto con superficies contaminadas, principalmente por medio de las manos, que posteriomente pueden tocar los ojos, nariz o boca.
Las personas más susceptibles de adquirir estas enfermedades son los extremos de la vida: los niños desde el nacimiento hasta la edad preescolar (5 años aproximadamente) y adultos mayores de 65 años o aquellos pacientes en edad reproductiva que tienen obesidad o diabetes.
Algunos de los errores más comunes que cometemos como pacientes cuando tenemos una enfermedad de la vía respiratoria son:
  • Dejar pasar el tiempo sin acudir al médico mientras se hace uso de atigripales de venta libre en las farmacias.
  • No protegerse con ropa adecuada para la temporada invernal.
  • Acudir a revisión médica con intención de adquirir un antibiótico cuando la situación no necesariamente es infecciosa.
  • Subestimar algunas manifestaciones de malestar y no acudir a tiempo en busca de atención médica.
Cuando una enfermedad no es tratada de forma adecuada se puede llegar a complicar: una rinitis puede convertirse en sinusitis, una laringitis puede presentar laringoespasmo dificultando la respiración con riesgo de muerte, una infección viral se puede complicar a una neumonía viral (la cual sigue siendo una de las primeras causas de muerte dentro de la población general), una neumonía viral puede ameritar el uso de soporte avanzado con algún ventilador mecánico, etcétera.
Los signos de alarma de que una enfermedad se está complicando incluyen:
  • Fiebre persistente (temperatura mayor a 38.3°C)
  • Dificultad para respirar, que en los niños se observan como aleteo nasal, tiraje de los músculos respiratorios del tórax, disociación entre el movimiento del tórax y el movimiento del abdomen, cianosis (coloración azulada) o palidez extrema, deshidratación, alteración del estado de alerta habitual o deterioro del estado general del paciente.
  • En personas de más de 65 años o con enfermedades crónicas debilitantes como enfermedades de los riñones, el hígado, cáncer o diabetes mal cuidada, pueden no presentar estas manifestaciones y únicamente tener alteraciones del estado de conciencia y fiebre o hipotermia.


Para prevenir estas enfermedades lo más importante es llevar una dieta balanceada que incluya sobre todo frutas y verduras de temporada, si la persona es diabética o padece otra enfermedad, es indispensable mantener un control y vigilancia de su padecimiento para tener una adecuada respuesta inmunológica y de defensa.
Las vitaminas A, C y E son antioxidantes que colaboran en nuestro estado nutricional y de defensa, se encuentran de forma natural y directa en las frutas de temporada como: guayaba, naranja, mandarina, plátano y fresa. Si se lleva una dieta balanceada no es necesario el uso de suplementos vitamínicos de ninguna clase, y éstos solo deben ser usados bajo prescripción médica.
Otras medidas para prevenir estas enfermedades son las vacunas, principalmente contra la influenza y contra el neumococo. La vacuna contra la influenza debe ponerse cada año y la vacuna contra el neumococo cada 5 años sobre todo en la población más vulnerable. En el caso de los niños es importante mantener al corriente su esquema de vacunación de acuerdo a su cartilla.
Si no es posible guardar reposo en casa, para evitar el contagio la forma ideal es el lavado de manos y el uso de bufanda que permita cubrir nariz y boca mientras nos encontramos en lugares públicos. El uso de cubrebocas da una sensación de seguridad, sin embargo, una vez que el cubrebocas se llena de secreciones (incluso saliva) deja de cumplir su función, por lo que es necesario cambiarlo frecuentemente. Por eso es preferible el uso de recursos que puedan ser lavados para usarse nuevamente. La forma correcta de estornudar o toser es cubriendo nariz y boca con el dorso del antebrazo o con pañuelos que no necesariamente tienen que ser desechables.


En esta temporada es común el uso de leña para calentarse, lo que tiene riesgo de provocar incendios o intoxicación por monóxido de carbono, también el uso de calentadores de gas que si no son vigilados se apagan y generan muerte por intoxicación con gas butano; los calentadores eléctricos disminuyen la humedad por la expansión del calor seco, lo que es irritativo para la vía aérea. Lo más importante es recordar que si no se usan de manera adecuada y no se mantienen en vigilancia continua cualquiera de estos artefactos puede ocasionar la muerte.

Colaboración de la Médica Pasante de Servicio Social Iztel Texta Palomeque.
Con información de la Dra. María Dolores Ochoa Vázquez, Miembro del Subcomité Académico de Neumología de la Facultad de Medicina de la UNAM.

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